domingo, 8 de noviembre de 2015

INERCIA CLÍNICA Y DIABETES.


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DR. MIGUEL AGUSTÍN MADERO*
La diabetes mellitus es una enfermedad progresiva. Esto significa que los mecanismos de la fisiología que se alteran y dan lugar a los cambios en el metabolismo ocurren en secuencia. Este fenómeno está mejor entendido ahora y sirve para explicar el porqué es más sencillo controlar la diabetes en sus etapas tempranas. En diversos foros de expertos se han establecido con claridad las metas de tratamiento de la diabetes que no sólo incluyen el nivel de glucosa sino también de lípidos (colesterol, triglicéridos), presión arterial y otros factores. Conforme pasa el tiempo se va requiriendo aumentar el esfuerzo para estar dentro de las metas. Ese esfuerzo puede ser con medidas no farmacológicas como la dieta y el ejercicio, reducción de peso o bien farmacológicas. La encuesta nacional de salud (ENSANUT) 2012 mostró que solo el 25 % de los pacientes con diabetes en México alcanzan la meta de control de la glucosa. A través de diversos estudios se ha demostrado que el control estricto de la diabetes (es decir estar en las metas y mantenerse en ellas) puede ayudar a prevenir las complicaciones conocidas a nivel del riñón, ojos, sistema nervioso y arterias coronarias.
Los recursos actuales para llevar a los pacientes a las metas de tratamiento de la diabetes son mucho más abundantes que hace apenas pocos años y van desde los cambios en el estilo de vida (medidas no farmacológicas como la dieta y ejercicio) hasta medicamentos novedosos recientes. Lo importante no es usar lo último y más caro, sino saber identificar dos cosas: 1) La estrategia de tratamiento más útil para cada paciente según el grado la función residual útil de las células que producen insulina y 2) El momento de adicionar medidas nuevas de tratamiento o cambiar las que habían estado funcionando y han dejado de ser eficientes.
Cuando no se observa el segundo aspecto se contribuye a que una proporción considerable de pacientes permanezcan fuera de las metas y por tanto queden expuestos a un mayor riesgo de complicaciones. No solo en México, sino también en otros países se ha demostrado que el momento de adicionar nuevas medidas de tratamiento no es reconocido o aceptado oportunamente por los médicos o por los mismos pacientes. Las razones para este comportamiento pueden ser muchas, es una especie de resistencia al cambio en la que participan el paciente y su médico de distinta forma como si se quisiera permanecer en una zona de Confort. A este fenómeno se le ha llamado inercia clínica, puede prolongarse hasta ocho o nueve años y se ha convertido en una preocupación creciente en el campo de la diabetes. En ocasiones se trata de temores a abordar vías distintas de administrar el tratamiento como la insulina u otros fármacos que son inyectables o a la experiencia insuficiente con las nuevas modalidades de tratamiento.
Para evitar la inercia clínica los médicos deben profundizar más en la manera de identificar cuando un paciente ha salido de su control y los pacientes debieran conocer acerca de ese fenómeno. El consejo para el paciente es reconocer que desde que inicia la diabetes se trata de una enfermedad crónica y progresiva y que los buenos resultados iniciales no serán para siempre, deben dialogar éste punto con su médico y estar preparados a que en algún momento de la evolución de su diabetes muchas personas requerirán usar insulina.
*Endocrinólogo. Profesor de Endocrinología de la Facultad de Medicina, Torreón, UA de C.

La próxima colaboración será del Dr. Isaac Montoya Hernández, otorrinolaringólogo.

PREVENCIÓN DEL SUICIDIO


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DR. FERNANDO SÁNCHEZ NÁJERA*
El 10 de septiembre se celebra el día mundial para la prevención del suicidio, por eso la OMS ha lanzado su campaña: “Tendiendo la mano salvando vidas”. EL número de personas que se quitan la vida va en aumento en las últimas tres décadas. De acuerdo al INEGI se habla de un aumento de 200 % en la presente década; la tasa nacional es del 4.1 por 100mil habitantes en el año  2010, (en Colombia es 5.7). La depresión es sin duda el primer factor causal de la conducta suicida, que con frecuencia no es diagnosticada cuando se presenta en su forma silenciosa o enmascarada con síntomas como: baja estima, tristeza, estrés crónico, problemas económicos, desempleo, sensación de inutilidad, desilusión amorosa, soledad, desacuerdos y frustración en la relación de pareja. Un 15 % de estas personas puede llegar al desenlace fatal.
El medio más empleado es la asfixia por ahorcamiento, el consumo de venenos, el arma de fuego y en ocasiones arrojarse de una altura o a un vehículo en movimiento. La mayoría de los eventos ocurren en la casa, pero puede darse en las instituciones, calles o escuelas. Personas con rasgos de personalidad de baja tolerancia a la frustración, irritabilidad, agresividad, resentimiento, incapacidad para encontrar solución a conflictos internos o de problemas en el entorno, necesidad de control externo, tendencias a aislarse, frustración en la realización, soledad por jubilación o divorcio, adicción grave al alcohol o drogas, son más propensas a desarrollar conducta suicida.
El estado peligroso o más riesgoso para la conducta autoagresiva son los sentimientos y pensamientos de vacío. Es por ello que encontrar el origen del conflicto es tarea esencial para lograr el apoyo y así solucionar el problema y el padecimiento que se está gestando.
La conducta suicida es un fenómeno de carácter multifactorial, están implicados factores genéticos, psicológicos y sociales; un armamentum insuficientemente y/o con antecedentes de ancestros de padecimientos graves emocionales y mentales, ello abre la posibilidad de que no se logre la construcción de una personalidad firme, segura de lo que es y lo que quiere en el mundo, que no ha descubierto sus talentos, que no logra la gratificación ni la realización de los mismos a través  de actividades productivas y creativas. No le encuentra el verdadero  sentido de la vida, todo ello colocaría a esta persona en riesgo de caer en un padecimiento y  la conducta que se ha venido describiendo.
De acuerdo al humanismo existencial el estadounidense Rollo May, refiere: “la sociedad de hoy, ya no vive el sufrimiento, la ansiedad, la culpa, la vulnerabilidad humana, como una oportunidad para sobreponer y crecer, a cambio de esto hay una conducta de huida hacia los satisfactores inmediatos, estos podrán producir placer o felicidad pero son pasajeros y pasan rápido, como: obtener mucho dinero, cambiar de pareja, divorciarse, pasar de diversión en diversión, disfrutar cantar” , pero que si no han logrado poseer el sentido de la vida, esto será poco útil, con gran riesgo de caer en el vacío y la soledad.
El suicidio, es la única muerte que puede ser prevenida, porque a diferencia de otros padecimientos como el cáncer, en el cual, frecuentemente, suele ser mortal, la persona con riesgo autoagresivo va dando señales durante el proceso del padecimiento, como: pensamientos de no querer vivir, nostalgia o diálogos internos o externos con seres queridos que ya no viven, aislamiento o retraimiento, frases cortas como de despedida, son algunas de las señales que observaremos si ponemos atención.
El suicidio no solo acaba con la vida de una persona, también afecta el entorno familiar y social. Al no haber podido hacer nada para evitarlo nos deja, de por vida, en el “hubiéramos” podido hacer. Por lo cual, cuando estamos ante una persona que ha presentado una conducta autoagresiva debemos darle seguimiento hasta que recupere la salud.  “Serás feliz, me dijo la vida pero primero te haré fuerte”
 *Psiquiatra. Profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina, Torreón, UA de C.

La próxima colaboración será del Dr. Agustín Madero Fernández del Castillo, endocrinólogo.     

RETINOPATÍA DIABÉTICA


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DR. OTHÓN GITTINS NÚÑEZ*

“Las epidemias son consecuencia de los hábitos de la sociedad”. (Virchow 1860).

La retinopatía diabética es la tercera causa de ceguera a nivel mundial y la primera en personas de edad productiva en países en vías de desarrollo. La retinopatía diabética es una de las principales complicaciones de la diabetes. En México se estima que es la principal causa de ceguera en personas entre 30 y 75 años de edad. La frecuencia de la diabetes se ha incrementado por diversos factores aumento de la población,  expectativa de vida más larga, estilo de vida más sedentario y epidemia de obesidad por malos hábitos alimenticios.

La retinopatía diabética  ocurre cuando la diabetes daña los pequeños vasos de la parte posterior del ojo, la retina. El daño a los pequeños vasos provoca que exista un escape de líquido de los mismos si esto continúa avanzando proliferan nuevos vasos de una mala calidad provocando fibrosis, tracción y hemorragias condicionando mala visión. Al principio esta enfermedad puede pasar desapercibida para el paciente sin causar ningún deterioro perceptible; esta etapa se conoce como retinopatía diabética no proliferativa.

Causas: La principal causa en un mal control de la glucemia en personas diabéticas. Sin embargo existen otros factores que pueden acelerar la progresión o aparición de la enfermedad como el tabaquismo, la obesidad, hipertensión arterial y dislipidemia.

Síntomas: La retinopatía diabética no mata, no duele y, lamentablemente, por falta de información la mayoría de los pacientes acuden tardíamente al oftalmólogo, en un principio es probable que no se evidencien síntomas, no hay dolor ni baja visual, pero a medida que la enfermedad avanza puede producir deterioro visual y en los casos más graves puede llegar a ser irreversible. Asimismo con la diabetes se pueden presentar otro tipo de problemas como cataratas, glaucoma  y desprendimiento de retina.

Prevención: En todo paciente diabética se debe acudir por lo menos una vez al año al oftalmólogo para realizar un examen detallado y con esto detectar a tiempo cualquier dato de la enfermedad y de esta manera poder ofrecer un tratamiento adecuado para evitar complicaciones en un futuro. La mejor manera de prevenir la aparición o la progresión de la retinopatía diabética es mediante un control estricto de los niveles de glucemia, buenos hábitos alimenticios, ejercicio rutinariamente, y una visita al oftalmólogo periódicamente por lo menos una vez al año

Tratamiento: Una vez que se diagnostica la enfermedad el principal tratamiento es la fotocoagulación con láser la cual consiste en la aplicación de un rayo láser en la retina para la destrucción de los nuevos vasos que puedan causar sangrado. en algunos casos cuando el daño es más avanzado o el tratamiento con láser ha sido insuficiente puede ser necesario recurrir a la cirugía para extraer la sangre que se ha formado dentro del ojo en un procedimiento conocido como vitrectomía.

Es de suma importancia la educación para promover buenos hábitos alimenticios y el autocontrol de las cifras de glucosa un buen control del azúcar retrasa la aparición y progresión de las lesiones existentes.

*Cirujano oftalmólogo. Profesor adjunto de la materia de Oftalmología de la Facultad de Medicina, Torreón, UA de C.

La próxima colaboración será del Dr. Fernando Sánchez Nájera, Psiquiatra.

LA IMPORTANCIA DEL TAMAÑO DE LA CABEZA


 

DR. PABLO RUIZ FLORES*
¿Cabeza grande o cabeza pequeña?: Existen familias que tienen cabeza grande y familias que tienen cabeza pequeña, aunque en general esto no representa ningún problema y debe considerarse solo como una característica familiar. Así, es famoso que los yucatecos tienden a ser considerados como de cabeza grande, sin que esto implique problema alguno.
Sin embargo, existen circunstancias en las cuales el tamaño de la cabeza puede indicar un problema de tipo genético y/o neurológico. Por ejemplo, en algunas familias la cabeza pequeña (llamada microcefalia), se acompaña de retraso  psicomotor y es heredada con un riesgo del 25 % a los hijos, independientemente del sexo, lo que en genética médica se conoce como un modo de herencia autosómico recesivo.  Además existen diversas enfermedades genéticas que cursan con cabeza pequeña y que se acompañan de otras malformaciones, En estos casos, es necesaria la visita a la consulta de genética, para descartar esta enfermedad hereditaria y para que reciban consejo acerca de los riesgos en futuros hijos.
La cabeza grande, aunque frecuentemente es solo una característica normal, en ocasiones es debida a una obstrucción en el flujo del líquido que baña el sistema nervioso central, acumulándose en la cabeza y aumentándola de tamaño. Esta condición se conoce como hidrocefalia. Si no es tratada, puede ocasionar daño por compresión  del cerebro y es necesario el tratamiento temprano que consiste habitualmente en una cirugía en donde se pone una válvula conectada a un tubo que permite que el líquido en lugar de acumularse en el cerebro, sea drenado al abdomen, evitando el daño cerebral y reduciendo de manera importante el tamaño de la cabeza.
Existen también otras condiciones que pueden cursar con cabeza grande (macrocefalia). Una de ellas es la acondroplasia, que ocurre en pacientes  que tienen talla muy baja y alteraciones esqueléticas. En ellos el riesgo de recurrencia de la enfermedad en sus hijos es del 50 % y tienen un mayor riesgo de tener complicaciones del sistema nervioso que el resto de la población, debido a que tienen un foramen magnum pequeño. El foramen magnum es el agujero del cráneo  por donde la médula espinal y las estructuras cerebrales se conectan.
Cuando la cabeza grande se acompaña de otras anomalías o malformaciones, debe descartarse el diagnóstico de algún otro problema genético como el síndrome de Sotos, que cursa con talla alta y cabeza grande, además de otros padecimientos.
Así pues, aunque en general tener la cabeza grande o pequeña no debe ser motivo de preocupación, conviene estar atento para darse cuenta si esto se acompaña de otras características que puedan sugerir una enfermedad. Si es este el caso, o tiene usted duda al respecto, sería conveniente que acuda a la consulta de genética para confirmar o descartar un problema genético.
*Genetista. Investigador y Profesor de genética de la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C.

La próxima colaboración será del Dr. Othón Gittins Núñez, oftalmólogo.

EL MIEDO A LA MUERTE (Última de dos partes)


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DR. EVARISTO JAVIER GÓMEZ RIVERA*
Para subrayar el miedo a ser sepultado vivo, nos detendremos en una biografía de interés superlativo: la de Alfredo Nobel, el de los premios más codiciados del mundo. Para entender el testamento de tan singular personaje, es conveniente conocer algo de su vida.
Nació en 1835, en Suecia, pasó su adolescencia en Rusia y a los 17 años vivió en los Estados Unidos, (donde hizo la carrera de ingeniero químico) luego volvió a Europa. Llama la atención el constante brincar de un país a otro por eso mismo no logró concentrar sus afectos en un lugar determinado. Así, en cuerpo y alma se consagró a la química de los explosivos; qué otra cosa podía hacer un niño cuyo padre fabricaba torpedos y minas submarinas. Viviendo en Rusia sembraron el mar Báltico de explosivos neutralizando al enemigo. Alguna vez se dijo con ironía que los Nobel ganaron la guerra en el norte y los zares la perdieron en el sur. Perdida la guerra, llegaron a la ruina económica y a la necesidad de emigrar, ese fue el escenario que siempre vivió Alfredo: peregrinar de un lugar a otro.
En Estados Unidos buscó apoyo económico con la clase política y los banqueros, con tesón y sobrada inteligencia, decidió patentar la dinamita en 1864. Con ese ”triunfo”, comenzaron las tragedias. La química de los explosivos era como una fiera que no perdonaba; a cada paso de Alfredo, estaba el zarpazo sangriento: en el primer mes de fabricar dinamita, voló en pedazos la fábrica. Días después explotó un barril en plena calle en Nueva York, luego explotó y se hundió un barco cargado con dinamita provocando 47 muertos. Otra explosión en Sídney: 20 muertos, otra en San Francisco California y la lista seguía creciendo. No, esa bestia llamada dinamita no estaba domada y quería más sangre, más víctimas. Y un día de tantos, cayó en sus garras el hermano de Alfredo: Eric Nobel.
Fue así como se fue formando la personalidad del personaje, que puertas adentro sintió mucha frustración y rabia que fue necesaria para encender más su tenacidad, pero…
Puertas afuera, el espanto sacudió al mundo y fue declarado persona non grata: Primero  cerraron su fábrica, luego las puertas de Francia y por último le quitaron el saludo, hasta el punto de negarle cuarto en los hoteles. Nobel no se arredró, por lo que hizo de un barco anclado en el centro del lago Maclar, su laboratorio donde siguió luchando solo. Tiempo después “eureka: el explosivo se mezcla con polvo inerte y  la fiera estaba domada. Y otra vez las puertas se abrieron, las guerras fueron su mejor aliado, un reguero de fábricas se instalaron en Suecia, Francia y Alemania para luego invadir todo el planeta.
Se había ganado la batalla intelectual, pero el ser humano había quedado desquiciado. A los cuarenta años no tenía un solo amor, tanto afán en su invento  lo despertó tarde a la vida sentimental. Le sobró fama y dinero pero le faltó correspondencia amorosa y así comenzó la neurosis del solterón, expresada por un miedo exagerado a enfermarse,  siempre preocupado por su salud, sintió miedo de morir y para ello dispuso en el testamento que se colocará un sistema de alarma en el ataúd, pues se crispaba de horror al pensar que podía ser enterrado vivo.
Murió en 1895, cubierto de oro, de patentes, de negocios, pero con el corazón vacío. En su testamento no se acordó de los filósofos, ni de los artistas, ni de los religiosos, pero sí de la física, de la química y de la medicina. Dicen que murió de repente, solo, sin alma piadosa que le cerrara los ojos.
En su testamento hay una (además de la de la entrega de los premios) cláusula en la que dispone colocar el cuerpo dentro de un ataúd especial, con un dispositivo eléctrico que comunique subterráneamente con su casa, los electrodos estarían unidos a los dedos, para que las manos transmitan el más insignificante desplazamiento del “muerto” a un timbre de alta resonancia.
El hombre vive con el miedo a la muerte, luchamos con toda la sabiduría para no morir y luego afilamos todas las armas para matar ¡y nos matamos! Si tuviera que decir una característica distintiva del humano diría: agresividad.
*Traumatólogo. Profesor de Ortopedia de la Facultad de Medicina, Torreón, UA de C.

La próxima colaboración será de Dr. Pablo Ruiz Flores, genetista.

EL MIEDO A LA MUERTE (Parte I)


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DR. EVARISTO JAVIER GÓMEZ RIVERA*
Abordar el asunto de la muerte es difícil. ¿Quién va a opinar si él que se va, ya no regresa? Los que creen en el más allá viven felices, porque con el misterio de la crucifixión se mató a la muerte; para los que no creen en el más allá, la vida se acaba como la cuerda del reloj: la muerte siempre será un trago amargo. Pero, si la muerte es tan natural como el nacer o la caída del primer diente, entonces: ¿Por qué el miedo?, ¿por qué la tragedia y dolor si es un fenómeno natural?
¿Qué pasó en la edad media? Las plagas diezmaban la población, la lepra corroía la carne, las pestes eran implacables. La primera gran epidemia que se tiene documentada sucedió en Egipto en 542 d.C. y en menos de un año se extendió por toda Europa. La más grave fue la peste negra (1348), cuando Florencia registró 100,000 muertos, Aviñón 15.000, Paris 50.000. Cuántas páginas trágicas, cuantos cuadros desoladores, muertos sin asistencia, cadáveres insepultos y muchos sepultados vivos; el hombre indefenso, sin antibióticos, anestesia ni bisturí. ¿Serán las anunciadas plagas bíblicas?, ¿será el filo del cristianismo que destruye el mundo antiguo? Fue tal el pánico a la muerte que apareció  otro miedo: miedo a ser enterrado vivo. ¿Es verdad que los muertos se sepultaban  vivos? En el ensayo “Disertaciones sobre la incertidumbre de los signos de muerte”, Bruhier, médico parisino del siglo XVIII documentó 52 casos de personas enterradas vivas y 72 certificados de defunción erróneos. El profesor Louis destacado médico legista, en 1752, informó sobre una verdadera curiosidad: “Concepción en estado de muerte aparente”: Un joven monje fue hospedado en la casa donde era velado el cadáver de una joven y se ofreció a pasar la noche en el cuarto donde estaba el ataúd, en el momento propicio desnudó el cadáver y tuvo una relación sexual, a la mañana siguiente  cuando se marchó el monje, la muchacha resucitó cuando estaba por ser enterrada y nueve meses más tarde dio luz a una criatura. (Emce editores Bs. As.1971, Colección grandes ensayistas).
Había un clima de horror a la muerte y todavía más miedo a ser enterrado vivo, los muertos dejados boca arriba aparecían luego de lado o boca abajo. Hoy sabemos que la intensa deshidratación que precede a la muerte por cólera, produce contracciones musculares; para el ingenuo enterrador resultaba difícil entender y el pánico cundió más aprisa que la epidemia.
Hay ejemplos recientes: En 1967 se documentó el caso de una mujer de 78 años, encontrada aparentemente sin vida, con un escrito anunciando la partida, junto a un frasco vacío de pastillas para dormir, fue trasladada al depósito de cadáveres donde 6 hs. después, durante el trámite de identificación, se descubrió que aun respiraba.
En 1967 los periódicos informaron  del caso de un soldado gravemente herido en la guerra de Vietnam. Él fue trasladado al hospital aparentemente muerto, abandonando todo intento de salvarlo después de 45 minutos de esfuerzos. Sin embargo en el depósito de cadáveres advirtieron signos de vida por lo que fue repatriado y logró recuperarse.
¿Será el miedo a la muerte una exclusiva de los humanos? El animal envejece y muere, el hombre también, pero hay diferencias fundamentales: el hombre sabe que envejece, el hombre sabe que ha de morir y al hombre le duele la vejez y teme a la muerte. Toda la evidencia arqueológica nos lleva a concluir que la concepción de la muerte es una exclusiva del hombre, el homo sapiens teme a la muerte y le rinde culto. El hombre primitivo se arrodilló frente a su hermano muerto, todo eso nació con el hombre, nada  se encuentra en los animales. Así desde entonces hasta la fecha seguimos unidos emocionalmente al momento del tránsito, el miedo a lo desconocido.
Ante semejante panorama el hombre se sintió indefenso y se acercó a Dios y se hinco ante lo sobrenatural; así la plegaria y la oración suplantaron al teorema y el amor divino a la especulación científica. El miedo a la muerte; la manera más eficaz de llevar almas al redil; mejor método, imposible. Eso es lo que sucedió en la edad media; un cambio con mucha superstición por fuera y mucho contenido moral y religioso por dentro.
*Traumatólogo. Profesor de Ortopedia de la Facultad de Medicina, Torreón, UA de C.

La próxima semana el Dr. Evaristo Gómez Rivera continuará con el mismo tema.

CÁNCER DE LARINGE


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DR. GERARDO LAZO SAÉNZ*

El diagnóstico de cáncer causa gran angustia y en el de laringe se agrega la posibilidad de la perdida de la voz, generando así gran perturbación. Este cáncer representa el 42 % de las neoplasias malignas de las vías aero-digestivas superiores, pero sólo el 1 % de la totalidad de las neoplasias malignas. Para la Sociedad Americana Contra El Cáncer representa: El 60 % del cáncer de laringe comienzan en las cuerdas vocales, el 35 % se desarrolla por arriba de las cuerdas vocales. El resto de los casos se da debajo de las cuerdas vocales.
El consumo de tabaco es el factor de riesgo más importante para el cáncer de laringe. Cuanto más fume, mayor será el riesgo. El consumo moderado o elevado de bebidas alcohólicas aumenta el riesgo. La combinación de estos dos hábitos multiplica el riesgo. Una nutrición deficiente puede contribuir a padecer cáncer. Las personas con defectos hereditarios en ciertos genes pueden tener gran riesgo así como exposiciones al aserrín y a vapores de pinturas, a productos químicos de la industria metalúrgica, la petrolera, y  la de los plásticos y los textiles pueden también aumentar el riesgo. Este  cáncer es aproximadamente cuatro veces más común en los hombres que en las mujeres. Por el hábito de fumar y  beber alcohol, es más frecuente en hombres. Sin embargo, estos ahora son comunes entre las mujeres, por lo que el riesgo en ellas ha aumentado. La  frecuencia en edad es 65 años o más. No es posible prevenir  el  cáncer, pero el riesgo se puede reducir al dejar de fumar o beber alcohol. Tener  una alimentación balanceada y saludable puede que ayudar.
Los síntomas: Los cánceres de laringe que se forman en las cuerdas vocales causan ronquera. Si la ronquera no se alivia en 2 semanas  se debe consultar a su médico. Para los cánceres que no se han originado en las cuerdas vocales, los síntomas pueden incluir: dolor de garganta que no desaparece, tos constante, dolor al tragar, problemas de deglutir, dolor de oídos, dificultad para respirar, pérdida de peso, protuberancia en el cuello. Resulta más probable que estos síntomas se deban a afecciones que no sean cáncer. No obstante, si tiene cualquiera de estos, es importante que un médico le examine para que se pueda determinar la causa y recibir tratamiento de ser necesario.
Su médico le preguntará sobre sus síntomas, posibles factores de riesgo, historial familiar y otras enfermedades. Un examen físico minucioso puede ayudar a descubrir cualquier señal posible de cáncer. Si su médico sospecha la presencia de un cáncer de laringe, le recomendará un médico especialista en enfermedades de oído, nariz y garganta, conocido como un otorrinolaringólogo, quien hará un examen más minucioso de la cabeza y el área del cuello. Esto incluirá un examen de la laringe, conocido como  laringoscopia, el médico observará estas áreas a través del endoscopio para saber si hay algún tumor, determinar extensión, y su propagación a las áreas circundantes.
También es posible que el médico tome pequeñas muestras de tejido (biopsia) de cualquier tumor u otras áreas anormales. Después de diagnosticar y clasificar el cáncer, el equipo que lo atiende, hablará de las opciones de tratamiento con usted. La elección del tratamiento es una decisión de gran importancia. Al diseñar este plan, los factores más importantes que se deben tomar en cuenta son la localización y la extensión del cáncer. Los especialistas que lo atienden también tomarán en cuenta su salud general y sus preferencias personales.

*Otorrinolaringólogo. Profesor de Otorrinolaringología de la Facultad de Medicina, Torreón, UA de C.

La próxima colaboración será del Dr. Evaristo Gómez Rivera, Traumatólogo.