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sábado, 6 de septiembre de 2014

CONFLICTOS SOBRE LA CLONACIÓN HUMANA

DR. EVARISTO JAVIER GÓMEZ RIVERA*

El Siglo de Torreón
La clonación es la formación de seres vivos con idéntica dotación genética que el progenitor; de manera natural sucede en especies como plantas, bacterias y hongos y de manera artificial el hombre logró clonar, por primera vez, una oveja apenas en 1997.
Este importante logro científico nos tiene muy preocupados. Primero, porque demostró que la clonación artificial es posible, y segundo, porque en cualquier momento, en algún lugar del mundo, alguien intentará hacer el experimento en humanos. No faltará algún dictador loco, soñando que la clonación le dará un ejército de esclavos obedientes; aunque creo que para eso, con el terror basta.
El saber científico ha rebasado a los, ya de por si desprestigiados, políticos. Y es la comunidad médica la que se inquieta y preocupa ante el poder que confieren los progresos de la genética.
Por ahora la técnica es deficiente, pero lo que fue posible para una borreguita, puede, en principio, aplicarse al humano; porque todos los mamíferos, son biológicamente muy cercanos y todo lo realizable acaba por realizarse.
La clonación humana es contraria a la idea que tenemos del hombre, duplicarlo, violaría la dignidad que descansa en la singularidad de cada persona; el dogma es viejo: solo Dios puede crear, por eso el veto a la clonación humana nace de la religión, algo así como un cinturón de seguridad contra la inquietud y la angustia que causa tener un doble exacto o alguien que no es ni otro ni el mismo, la relación es confusa y así nos acercamos a la demencia.
Lo humano de nuestra especie no está en el ADN. Lo humano está en la interacción de “natura” y “cultura”, entre lo innato y lo adquirido. La cultura es un conjunto de realidades y acciones, movidas por el deseo de trascender. La clonación trastoca todo este proceso, al procrear sin sexo, sin compañero, sin óvulo y espermatozoide. En resumen la clonación saca de la jugada a la sexualidad, elimina la fecundación y deja a los humanos reducidos a simple bacteria que se reproduce por duplicación.
Algunos entusiastas de la clonación sueñan con la creación de un ser con salud perfecta, de cuerpo inmortal (Adán antes de la caída) y aunque por ahora el proceso de selección natural la supera (fecundación implica competitividad y sólo el mejor espermatozoide llegará al óvulo). La clonación humana modificará la estructura social de la humanidad a tal grado que acabara con conceptos como paternidad-maternidad, la ley del padre y del nombre. Perturbaríamos todas las referencias de identidad y filiación, poniendo en riesgo el equilibrio sociológico de lo humano.
La reflexión es de tal profundidad que nos conduce al origen de la vida y a los fundamentos de la existencia. El progreso de la genética ahora permite el diagnóstico prenatal de enfermedades que se manifestaran hasta la edad adulta como el Alzheimer, ¿y eso autoriza a negar 60 años de vida, para evitar un fin anunciado?, la corea de Huntington (mal de San Vito) ¿Se justifica interrumpir en el ovulo una vida que por 40 años podría ser normal? ¿Ese conocimiento nos autoriza  borrar 40 años de vida?
Así, planteado el problema pasamos de algo tan noble como la prevención de enfermedades a un juicio genético con veredicto; la misión del médico no es juzgar lo que es normal o no. Gústenos o no, nuestra misión es curar y la verdadera finalidad de la medicina es, ante todo, terapéutica.
Nada de diques a la ciencia pero si reglas de aplicación. Ni confianza ciega ni desconfianza sistemática. Planear que la clonación humana es inaceptable pero sin argumentar, queda en simple petición. Debemos aceptar el reto y abrir el debate resolviendo la siguiente pregunta: ¿Cómo progresar en el terreno de la sabiduría a la misma velocidad del conocimiento? Los conocimientos científicos solo deberán ser utilizados para servir a la dignidad, la integridad y futuro del hombre. Nada ni nadie deberán impedir su libre adquisición.
*Traumatólogo. Profesor de Ortopedia de la Facultad de Medicina, Torreón UA de C.
La próxima colaboración será del Dr. Rogelio Recio Vega, Toxicólogo y Endocrinólogo de la Reproducción.

viernes, 28 de marzo de 2014

LA MODESTA VENDA ENYESADA

DR. EVARISTO JAVIER GÓMEZ RIVERA*

 
Una venda enyesada nada tiene de ciencia ni de arte, pero es, no obstante, un instrumento de incalculable valor, algo que pocas veces el ingenio humano ha hecho. Se cumplen casi 150 años de que se usó por primera vez y bien merece el honor de recordar a su inventor el gran cirujano holandés Antonio Mathijsen. (1805-1878). Como cirujano militar en 1852, estaba insatisfecho y descontento con los medios con que contaba para inmovilizar las fracturas y abrumado por los miles de heridos pendientes de atención, fue que recomendó públicamente el uso de “un tejido arroyado entre cuyas vueltas se coloca yeso en polvo, lo que al ser puesto en contacto con el agua, se hidrata para luego endurecerse”.
La propuesta de Mathijsen significo una verdadera revolución de  métodos, pues aunque se conocían las cualidades del yeso, la técnica de aplicación no estaba definida. Los que consideraban útil el yeso, para poner en reposo a las fracturas, recomendaban preparar una papilla blanduzca en un cajón, para después colocar la extremidad; sucedía entonces que era sepultada bajo una enorme masa de yeso.
Las complicaciones, fáciles de imaginar, con semejante procedimiento, hicieron que el nuevo invento se recibiera con recelo y desconfianza pero de manera positiva y esperanzadora en la comunidad médica, aunque no faltaron los detractores, por fortuna aparecieron también voces que lo defendieron con calor.
Una publicación de la época decía: ”Antes del procedimiento de inmovilización propuesto por Mathijsen, la única terapéutica para una fractura del miembro era la amputación, y la mayoría de esos amputados moría en breve plazo por las complicaciones inevitables, “Esta situación realmente desesperante ha podido ser solucionada gracias a la obra de Pasteur, de Lister y de Mathijsen” y termina: “cuantas vidas, cuantos miembros han podido salvarse así gracias a estos tres hombres”.
La posteridad ha juzgado con justicia las importantísimas aportaciones de Pasteur y Lister, pero por lo humilde y modesto de su contribución se ha olvidado de Mathijsen. Su invento representa la expresión de un ingenio singular, en apariencia sencillo, pero de tan grande valor, que no ha podido ser sustituido por ningún otro a lo largo de 150 años; sigue siendo de los pocos inventos que han resistido los empujones renovadores de la actualidad, en que un elemento de eficacia aparentemente insustituible es derrotado en breve plazo por otro de utilidad mayor.Ahora, 150 años después de nacida, la venda enyesada sigue siendo un elemento irremplazable para el médico, porque de manera fácil y sencilla ofrece al hueso y a la articulación, el reposo indispensable para su curación.
La modesta venda enyesada es como un instrumento quirúrgico que debe ser manejada con técnica precisa y método bien determinado, porque de no ser así, se trasforma en elemento inútil o perjudicial.
Es tan grande el beneficio que la humanidad ha recibido del ingenio y trabajo de Antonio Mathijsen, que el monumento erigido en su natal Budel Holanda, es homenaje que la posteridad rinde a sus méritos.
*Traumatólogo. Profesor de Ortopedia en la Facultad de medicina UA de C, Torreón.
La próxima colaboración será de la Dra. Susana Bassol Mayagoitia, Endocrinóloga de la Reproducción.

martes, 21 de enero de 2014

LA TRINIDAD BIOLÓGICA. REFLEXIONES SOBRE LA VEJEZ


DR. EVARISTO JAVIER GÓMEZ RIVERA*
Hablamos de envejecimiento en general, como si todo nuestro organismo envejeciera a la vez y no es así. La vejez llega en tres etapas: la física, la intelectual y la espiritual, son tres formas de vida; tres modalidades.
Con anatomía robusta y la fisiología en todo su esplendor, a los 23 años se puede ser campeón de 100 metros, años después podrá hacer  buen papel en la próxima olimpiada, pero se dirá: “¡Es demasiado viejo, casi tiene 30 años!”. Pero si ese mismo hombre se postulara para alcalde, se advertiría que es demasiado joven. Y habría razón para ambos juicios-
Por un momento detengámonos en la gerontocracia del consejo de cardenales que asesora al Papa. Sin entrometernos en la eficiencia de ese consejo, podemos afirmar que si a los 25 años se les eligiera cardenales los consejos quedarían en entredicho.
No olvidemos que el Sanedrín (consejo de sabios judío) de Israel estaba conformada de puros ancianos. El consejo de gerontes que formaba el Delfos, guió los destinos de Grecia clásica. El Senado romano tuvo más poder que Cesar, y que, en fin, el sacerdote católico se honra con el título de presbítero, que quiere decir présbita o gerente; viejo.
El anciano es sinónimo de sabio, pero es verdad que ni el sabio ni el anciano servirán para ganar un partido de futbol, o para levantar un costal o superar una prueba ciclista. Para cada cosa se requiere la edad apropiada, es decir ya no servimos para algo, cuando todavía somos útiles para otros menesteres, así tenemos tres vidas: física, intelectual y espiritual.
Vida física: nacemos a la vida del músculo, del deporte y la competencia, llega a la plenitud a los 25, bien saben los deportistas que a esa edad inexorablemente alcanzan sus máximos. Lo que en la juventud no se logra es inútil quererlo conquistar en la madurez, hasta los 25 hay esperanzas legitimas de triunfar, después se inicia el declive, como en todos los ciclos biológicos hay acenso, clímax y descenso, es nuestra primera vejez.
Vida intelectual: Nos damos cuenta que nuestra vida intelectual sigue en acenso cuando ya declina la física, es la de mayor duración pues alcanza más allá de los 60, esa vida será vigorosa mientas sigamos abiertos a lo nuevo, y mucho ayudara hacer ejercicio mental, ¿cómo? Entendamos un teorema, resolvamos un problema, aprendamos un idioma, todo ello es gimnasia mental y enriquecimiento del patrimonio intelectual.
Poco importa que mengue la fuerza física, que decline el rendimiento muscular o que flaquee la memoria; todo eso es patrimonio de la vida física y por mucho que decline no afectara la juventud intelectual.
Si nos afectara en la medida de que nos preocupe el “sentirnos viejos” sobre todo si nos angustiamos diciendo: “sí, sí, pero me doy cuenta que he perdido energías, ya no soy como antes, ya necesito lentes y tengo amnesia”. Si nos empeñamos en ser viejos y mantenernos en actitud pesimista, sin duda acabaremos envejeciendo de verdad, nuestra obligación es hacer lo contrario y repetirnos hasta el cansancio que la vejez intelectual no comparece hasta que se le llama. De la espiritual hablaremos después.
*Traumatólogo. Profesor de Ortopedia en la Facultad de Medicina, Torreón, UA de C.
El próximo sábado el Dr. Evaristo Gómez Rivera continuará con el mismo tema. 

lunes, 26 de agosto de 2013

ENFERMEDADES DE LA VEJEZ


DR. EVARISTO JAVIER GÓMEZ RIVERA*
El Siglo de Torreón

¿Existen enfermedades propias de la vejez? En cierta forma sí. Por ejemplo: la fractura de cadera, casi siempre acaba con el geronte. En cambio nada grave pasa si recae en un muchacho. Los neumococos que invaden el pulmón anciano, llevan malas intenciones; hay un adagio que dice: “la neumonía es la muerte natural de los viejos”, en cambio los jóvenes la sufre sin mayores complicaciones.
El viejo reacciona a su manera, es una máquina que falla sin que sepamos la hora exacta, unos a los 60, otros a los 80, otros a los 100, cada reloj tiene su propia cuerda; un buen acero puede mantenerse tenso hasta los 100 años, otros fallan a partir de los 50.
El ritmo: ¿Cuándo comienza la vejez? Cuando con la torpeza de las piernas coincide la torpeza de las palabras y el pensamiento, todo lo demás no cuenta, ni siquiera los años.
No todos los tejidos envejecen al mismo ritmo, el timo por ejemplo, empieza a declinar en la adolescencia, parecería que la luz de la sexualidad apagara el resplandor del timo. Las glándulas sexuales se retiran a medio camino, así, la sexualidad queda prendida cuando la genitalidad ya declino. El envejecimiento muscular se inicia a los veintitantos años y coincide con una juventud intelectual que crece más allá de los 60. ¿Qué explicación tiene? Tan sencillo como que cada tejido tiene su propio ritmo de crecimiento y de envejecimiento.
¿Acumulación o desgaste? Si consideramos a nuestro organismo como una máquina que de puro funcionar se acaba, entonces la vejez es desgaste. Si consideramos al viejo como recipiente de basura entonces es acumulación. A medida que pasa el tiempo se acumulan productos de desecho como pigmentos que manchan la piel, depósitos de colesterol que tapan las arterias y calcificaciones en otros tejidos.
Sin duda hay signos de desgaste y acumulación, ambas pueden acontecer independientemente de la edad y así encontramos viejos a los 50 y jóvenes a los 80.
Desgaste: Cada órgano del cuerpo funciona lento en el reposo y se acelera ante el esfuerzo, con esto decimos que el rendimiento es diferente, según estamos sentados o dormidos o trabajando, o jugando futbol, la diferencia de energía entre reposo y actividad se llama reserva funcional. El viejo no percibe el desgaste hasta el momento de subir una escalera y es precisamente cuando tiene que echar mano de la reserva funcional.
Acumulación: se acumulan sustancias inertes: colesterol, ácido úrico, pigmentos, todo eso que ahoga a las células en sus propios desechos metabólicos y la resultante es que se deforman los dedos, se entorpecen las manos y se desgastan las articulaciones.
La herencia y la genética sin duda influyen en el envejecimiento. Es interesante conocer los consejos de hombres longevos. Mi padre a los 90 aconsejaba, y así lo hizo: “comer poco, dormir bien y trabajar mucho”. Mi maestro Oriol Anguera, a sus 80 años decía: “cuando se trabaja con alegría se tiene el espíritu joven, y lo decía con el ejemplo porque trabajaba febrilmente”.
En mi opinión, la vejez no la decreta los cabellos blancos ni la piel arrugada ni la dureza del oído ni la disminución visual ni la incapacidad muscular ¡ni los años!... La vejez es un problema espiritual.

*Traumatólogo. Profesor de Ortopedia en la Facultad de Medicina de Torreón, UA de C.

La próxima colaboraciòn sera del Dr. Rubén Daniel Arellano Perez Vertti, traumatólogo.